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VIAJES Y VISIONES: RECORRIDOS POR SIRIA

Biblioteca Álvaro Mutis (marzo 2004)

Fernando Herráez: La mirada del fotógrafo por Rosa Regás

Fernando Herráez: La mirada del fotógrafo por Rosa Regás

La Exposición

La presente exposición, Viajes y visiones por Siria, recoge las diferentes interpretaciones de tres fotógrafos españoles sobre este lejano lugar que se mueve entre la historia y la leyenda: Fernando Herráez, Pablo Pérez Mínguez y Ciuco Gutiérrez.

El motivo de la estancia prolongada de los tres fotógrafos en Siria fue la convocatoria de Los encuentros fotográficos de Alepo, organizados desde 1997 hasta 2000 por la Galería Le Pont de Alepo, el Proyecto para la Rehabilitación de la Ciudad Vieja de Alepo y el Instituto Cervantes en Damasco, con la participación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el patrocinio del Ministerio de Cultura Sirio.

Las ediciones de Los encuentros fotográficos posteriores a 1997 tiene lugar en el enorme recinto del colegio cristiano del s. XIX, Al Shibani, en el centro de la ciudad vieja de Alepo. El recinto linda con el souk, el mercado más grande del mundo, parada obligatoria en la Ruta de la Seda y testigo de las Cruzadas de los siglos XII y XIII.


El peso de este marco histórico incide en las fotografías en blanco y negro realizadas por Fernando Herráez durante todo el mes de septiembre de 1997. Herráez capta la vida callejera y cotidiana de los habitantes de Alepo, acentuando el trabajo artesanal, ya sea en una fábrica de lana o en una panadería. En tomas de gran dinamismo lumínico, Herráez señala la arquitectura y la convivencia en la ciudad desde una óptica occidental.


Pablo Pérez-Mínguez presenta una tierra santa inspirada en su experiencia en Siria: retrata a Santa Tecla ya San Juan Bautista e ilustra la ruta de San Pablo para subrayar el lado cristiano de la cultura siria, sin olvidar a la Reina Zenobia de Palmyra, gran defensora de los cristianos perseguidos. En su proyecto se mezclan las fotografías tomadas en Siria con imágenes creadas en su estudio madrileño.


Ciuco Gutiérrez realiza un guiño a las tradiciones y costumbres antiguas y populares de la Siria de hoy, recordando la relación histórica de España con el mundo árabe. Con su estilo propio, ha recreado escenas que le impactaron durante su estancia, sus impresiones de la luminosidad, el colorido y la gran expansión del desierto, como la carrera de caballos en Palmyra. Ha compuesto una puesta en escena para captar los sonidos y los olores del souk de Alepo, no exenta de un aire romántico.
Pilar del Castillo

Las magníficas fotografías de Fernando Herráez son en sí mismas una búsqueda, una búsqueda del alma profunda de un pueblo al que acabamos conociendo aunque sólo en parte, y sólo en determinadas circunstancias; el hombre en la calle, el hombre en el trabajo, o el hombre cuando descansa y toma el té en la tienda, o cuando va camino de la escuela. Niños jugando, hombres trabajando, ansiosos, sonrientes, derrotados. Tal vez la intimidad, la cotidianeidad, viene a decirnos el artista, nos está vedada del mismo modo que nos lo está el rostro de las pocas mujeres que aparecen en las fotografías. Alguna de frente, es cierto, pero mayormente de espaldas y cubiertas con velos negros, ausentes del sentimiento, ausentes de la participación en la vida cotidiana, meras imágenes cuyo aspecto tendremos que adivinar, igual que su porte, su belleza, la mirada de sus ojos o la expresión de su rostro.


Pero si de excepcionalidad se trata en el mundo femenino, el mundo masculino, en cambio se nos muestra en su absoluta cotidianeidad. Tal vez porque vemos los rostros de niños y de hombres que miran a la cámara con osadía y no esconden la risa que les provoca la fotografía, ni dejan de liar el cigarrillo, ni abandonan el trabajo para interesarse por el fotógrafo.

El mundo de los hombres en lo que constituye la sociedad comercial y artesanal, está ampliamente representado: albañiles, panaderos, tenderos, mecánicos, traperos, joyeros, escolares, jóvenes trabajando en las hilaturas, marmolistas, herreros, chicos cargados con fardos de ropa, e incluso jugadores de béisbol a la sombra del castillo de Alepo. Todo un mundo masculino en el que la mujer no existe ni como colega ni como amiga ni siquiera como elemento funcional o de diversión.
¿Será así el paisaje urbano que hoy se muestra al viajero?

Pero el gran acierto de esas fotografías, con todo, más aún que la expresión de los rostros y el abanico de actividades, son la luz y las líneas que encontramos en los conglomerados urbanos, mitad historia, mitad tecnología en su primer estadio. Así reconocemos imágenes magistrales de minaretes junto a postes de teléfonos invadidos por la sombra de un edificio cercano, o esa composición de muros cruzados por las líneas de hilos de electricidad en la esquina de lo que deben ser dos calles y la espléndida fotografía hecha de líneas de luz con el cementerio árabe al fondo y las dos mujeres, siempre envueltas en sus velos, que precedidas de su propia sombra, caminan arrimadas al muro como protegiéndose del mundo en un gesto de tristeza que ni siquiera el manto negro logra esconder.


Líneas de luz y de sombra, esqueletos de imagen, intención sumergida en el conjunto amorfo de objetos, brillos metálicos y cielos opacos. Cabría pensar que en esas imágenes el fotógrafo pretende definir una cultura en un momento dado, y sin embargo todo parece indicar que lo verdaderamente atractivo de estas fotografías es precisamente el punto sugerente que nos lleva a imaginar, basándonos en la realidad más pragmática, todo aquello a lo que la cámara, mejor dicho el objetivo, renunció, todo aquello que le sirvió al autor para encuadrar la imagen pero dejó al margen. De hecho el artista no copia la realidad sino que de ella se nutre, y recrea un mundo autónomo de esa realidad en la que se basa, cargado de una terrible coherencia. Así es, pues, el conocimiento que nos da el arte, un conocimiento jamás científico, sino simplemente poético que cuando, como en este caso, depende de la obra de creación, pende como un milagro de la mirada del artista. De la mirada privilegiada de Fernando Herráez.

Ciuco Gutiérrez: Reflexión y reflejos por Catherin ColemanLa obra de Ciuco Gutiérrez se ha llamado surrealista. Sin embargo, el surrealismo se basa en el azar y no hay nada mas lejos de la obra de este fotógrafo-poeta. Sus composiciones están realizadas con mucha reflexión, son recreaciones de la visión retenidas en la memoria. El artista ha confirmado que el fotógrafo ya no tiene que llevar a cuestas el peso oneroso de comentar la realidad. Gutiérrez investiga la realidad mental, la realidad interior. Produce un territorio poblado con objetos diminutos, a veces fabricados y otras veces encontrados. Recicla imágenes y códigos visuales a la vez que cuestiona el cliché visual, como el retrato del icono del difunto presidente de Siria, omnipresente en 1999 durante nuestra visita a aquel país.

La manipulación en el estudio le permite captar el espejismo del desierto, la gran expansión, el silencio y la riqueza cromática del amanecer y el atardecer con colores rosa, malva, azul y ocres. El ser humano está dominado por el gran mundo, reducido aquel a un juguete en la gran expansión del universo. La expresión y emoción están ausentes y el retrato no figura en su obra. La boda cristiana a la que fuimos testigos en el Hotel Cham Palace ( la boda de Sissy lo llamábamos) se identifica por los símbolos externos de la clase social. El romance, el amor de la pareja de recién casados no es el motivo de la boda, sino la bendición social de la pareja. Llama la atención que los mercados y escaparates de Damasco y Alepo están repletos de vestidos de novia de lo más extravagantes, de coloridos vivos, no el blanco requerido por el rito cristiano tradicional.

Para Ciuco Gutiérrez, el detalle es más grande que el conjunto. Los elementos elegidos por el artista son sugerencias de lo que va a venir. La composición de objetos domésticos de hojalata evoca el clamor y los sonidos del souk. El reflejo es un recurso visual constante, como en el caballero de la Cruzada, solitario, enfrente de un supuesto castillo (Crac de los Caballeros). El fotógrafo captura toda la esencia del monumento; su trabajo da lugar a la ensoñación porque el espectador tiene que completar el rompecabezas, con su propia imaginación, basada en su experiencia directa, si la tiene, o los mitos que giran alrededor de este país de las mil y una noches. Así nos deja participar en el misterio de la Siria que aún no es objeto del turismo de masas, que mantiene pulcro su paisaje.

Pablo Pérez-Mínguez: El deslumbramiento por Catherin ColemanPablo Pérez-Mínguez nos presenta su visión de los iconos de Tierra Santa basada en el santoral de la Iglesia primitiva en Siria, lograda por la yuxtaposición de un modelo contemporáneo con el trasfondo histórico. Singularizamos tres de ellos, enterrados en Siria: San Juan Bautista, San Pablo y Santa Tecla, en adición a la pagana Reina Zenobia, a modo de ilustración de su particular proceso creativo.
La decapitación de San Juan Bautista está representada por un bello modelo con cuello largo. El sepulcro del santo está en lo que fue en tiempos de San Pablo el templo romano de Júpiter, hoy en día la mezquita de los Omeyas en Damasco.


Algunas fuentes describen a Pablo de Tarso como un hombre pelirrojo, mientras que en cuanto a su aspecto físico, la mayoría de los artistas sigue la tradición de representar a San Pablo calvo, único defecto entre los que le supusieron que pareció admisible reproducirle, recurso pictórico adoptado por P.P.M. El fotógrafo ha seguido los inicios del judío Pablo de Tarso, ciudadano romano en Siria, desde el momento de su caída del caballo, deslumbrado por la luz, en la Puerta del Este, Bad Sharqi, de Damasco, en el año 42 d.C. y su consecuente conversión al cristianismo. El artista ha desarrollado toda una serie dedicada a la ceguera. El ciego delante de la mezquita de Alepo, fotografía tomada en el año 2000, se contrapone al modelo contemporáneo occidental que sostiene el fototexto Ciego, emulando la imagen archiconocida de Paul Strand, Blind (1916). Es un juego tanto visual como verbal sobre la interacción de la química y la luz inherente a la naturaleza de la fotografía. Son oposiciones de la luz y la oscuridad, la foto y el texto. P.P.M. trazó los pasos de Pablo de Tarso durante su estancia en Damasco, incluyendo la recuperación del santo después de tres días de ceguera en la posada de Ananías. P.P.M. resalta así el lado cristiano de Siria, evocando la presencia de San Pablo que predicaba la libertad espiritual, corporal y mental, conceptos nuevos para la época. Culmina la serie con el escudo de Las Cruzadas, símbolo de Tierra Santa, en la tumba de Pablo.

La leyenda en torno a Santa Tecla, discípula de San Pablo, cuenta que Tecla dejó a su marido para seguir a Pablo por varias ciudades en Siria. Tecla fué denunciada por su propia madre por el abandono de su marido. Se enfrentó a varios retos provocados por los romanos por su supuesta infidelidad, entre ellos las fieras que se negaban a atacarla y el fuego que no la consumía. Las dos representaciones realizadas por P.P.M., encarnada por una conocida artista conceptual española (Paz Muro), se nutren de la iconografia procedente de dos cuadros anónimos presentes en el santuario y tumba de Santa Tecla en Maalula. En una de las dos interpretaciones le acompaña el atributo de la tecla musical. Apropiadamente, los internautas hoy en día reconocen a Santa Tecla como su patrona.

Lo bello de la representación de una leyenda es la libertad que brinda para interpretar el personaje. Bernard Simiot ganó el Premio Goncourt en 1978 con el libro Yo, Zenobia, reina de Palmira, donde el novelista proyecta sobre la personalidad y grandeza de la Reina que se vanagloriaba de pertenecer a la estirpe de Cleopatra de los Ptolomeos, basándose en los escritos del siglo IV de Trebelio Polio. Zenobia creó una ciudad en un lugar privilegiado, el oasis de Tadmor, que era parada obligada en la Ruta de la Seda y opulenta capital de Oriente en su tiempo. Invitó a habitar en ella a filósofos, escultores, arquitectos, poetas y cristianos perseguidos, recogidos éstos no tanto por la tolerancia cristiana de la Reina, sino más bien instigada por su odio a los romanos. En el año 273 d.C., Aureliano reconquistó la colonia rebelde, llevando a Zenobia prisionera a Roma, donde murió. Zenobia, de origen beduino y tribu aramea, reinó cinco años, forjando un imperio que se extendió desde el Eúfrates hasta el Mediterráneo, abarcando el Bajo Egipto y la Turquía moderna. La imagen de la determinada y visionaria Zenobia como modelo de las posibilidades de la mujer moderna no está promocionada ni explotada por la Siria contemporánea. P.P.M. capta el aurea que rodea a Zenobia mediante la metáfora del resplandor de la luz del amanecer en el desierto. En palabras del escritor Simiot, Zenobia dice: En el desierto ya no estamos completamente sobre la tierra... estamos bajo el cielo, un cielo que no termina nunca.


P.P.M. conjuga la iconografía del cristianismo primitivo con los modelos tomados de la Movida madrileña de los años 70 y 80, de la cual el fotógrafo formó parte integral. Encontramos un mensaje subyacente y común a ambos períodos en que representan el resurgimiento del entusiasmo y optimismo en el futuro inmediato. El primero señala la explosión de la creatividad de la Movida en la época después del franquismo y el segundo simboliza la frescura del cristianismo primitivo originado en Siria.

Los autores

 

Fernando Herráez

Fernando Herráez nació en San Fernando (Cádiz) en 1948 y se empezó a interesarse por la fotografía ya de niño, conmovido por las vivas imágenes sobre las páginas de la revista LIFE que compraba su padre. Comenzó la carrera de Farmacia en la Universidad de Granada pero en 1974, decidió abandonarla para dedicarse de pleno a la fotografía. Ese mismo año comenzó sus estudios de fotografía en la escuela Techne de Madrid. Como profesional, ha realizado fotografía editorial y industrial, fue miembro fundador de la agencia Cover en 1979 y desde 1981 es Profesor de Fotografía en la Universidad Popular de Alcobendas, Madrid.


A Fernando Herráez le gusta fotografiar, casi siempre en blanco y negro y prefiere fotografiar a personas "en su entorno natural", por lo que su iconografía está repleta de toreros rurales, procesiones campestres, viandantes pueblerinos, fiestas populares o bañistas en el mar.
Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas, y sus imágenes han aparecido en importantes publicaciones y exposiciones, tanto extranjeras como nacionales. Entre sus exposiciones individuales cabe destacar Ritos Ibéricos, Línea de Playa, Esencias y Presencias o Una mirada sobre Alepo.

Ciuco Gutiérrez

Nació en 1956 en Torrelavega, (Cantabria); siendo muy joven hizo sus primeras fotografías con la cámara Contax de su padre. En 1973 comenzó sus estudios de Ciencias Químicas, pero pronto se da cuenta de que eso no es lo suyo, por lo que se traslada a Madrid a estudiar Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información.


En 1981 monta junto con otros tres compañeros de facultad una agencia de prensa sin demasiado éxito y tres años más tarde comparte junto con Rosa Muñoz su primer estudio. En 1986 realiza su primera exposición en Madrid, en la galería Minority y en 1990 gana el premio Kodak de fotografía con la serie Doce Asesinatos y un Suicidio.


Su trayectoria artística se ha centrado en actividades muy diversas como dirigir y presentar distintos programas de radio, trabajar y colaborar con diferentes periódicos y revistas ( Sal y Pimienta, El País Dominical, La Revista de El Mundo), editar postales con sus propias imágenes o hacer portadas de discos.


Fue editor gráfico en las revistas Madriz, editada por el Ayuntamiento de Madrid y Sur Expres y ha trabajado para Ágata Ruiz de la Prada y Ramón García de My name's Lolita Art.


Ha expuesto su obra en numerosas galerías, ha participado en ferias de arte tanto españolas como internacionales y su obra figura en múltiples museos como el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, Colección Fundación Coca-Cola España, Museo de la Comunidad Autónoma de Madrid, etc.

Pablo Pérez-Mínguez

Nace en Madrid en 1946 y aunque comenzó estudios universitarios de ingeniero agrónomo los abandonó para dedicarse únicamente a la fotografía.


En 1971 fundó la revista Nueva Lente junto con Carlos Serrano y Jorge Rueda y con la creación en 1974 del Photocentro de Madrid y la Photogalería renovó el panorama de la fotografía española.


Ha ganado diversos premios nacionales y ha realizado múltiples exposiciones y shows fotográficos, fotonovelas, imágenes para revistas como La luna, Madrid me mata y Zero, fotografías para películas de Pedro Almodóvar, rodaje en su estudio de Madrid de Laberinto de Pasiones de Pedro Almodóvar, rodajes de video-clips, Diapo-parties en discotecas, diseñado numerosas portadas de discos y reportajes dentro del mundo del espectáculo, ha hecho fotografías de moda para Ágata Ruiz de la Prada, Manuel Piña y Pepe Rubio, etc. Ha expuesto en galerías de arte de distintos países como Amadís, galería Photinka de Colonia, Talismám y ferias como Arco o PhotoEspaña y en 1997 fundó la galería Talismán de arte alternativo.


Pablo Pérez Mínguez está considerado como el fotógrafo de la movida madrileña, puesto que en su estudio de Madrid inmortalizó a los principales protagonistas de este movimiento (Pedro Almodóvar, Alaska, Marisa Paredes...) y porque a través de sus fotos dejó constancia de un periodo de un profundo cambio social para España del que él mismo fue protagonista.


Algunas de sus series más famosas son: Mi vida misma, Madrid-Foto-Poro-80, Dioses y Reinas, Héroes, Vírgenes y Mártires y Lo hipnótico es estético, Estética mística, Primavera fotográfica, Mois de la Photo, Metamorfosis, Iconos fotográficos, etc.

Enlaces recomendados

Información sobre Ciuco Gutiérrez

Página oficial.

Información sobre Pablo Pérez Mínguez

La movida madrileña ilustrado con fotos de P. P. M.

Un artículo sobre el fotógrafo.

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