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Biblioteca Álvaro Mutis (diciembre 2005)

Islas Canarias. La Graciosa. 1975
Nace en Barcelona, el 30 de Octubre 1948 y estudia en la Facultad de Ciencias Económicas desde donde fotografía la lucha universitaria en los últimos años del franquismo.
Después de la muerte de Franco, realiza una serie de reportajes de tipo social sobre la transición entre los que destacan ETA, mineros, el paro, jornaleros andaluces, huelgas, reconversiones, etc., para revistas como Mundo, Primera Plana, Interviú y la agencia Cover.
La publicación Photography Year Book ha publicado en dos ocasiones sus fotos entre las mejores del año. En 1987 obtiene una beca de la Universidad Menéndez Pelayo para fotografiar el marisqueo en Galicia y para su posterior publicación en un libro titulado Galicia a pie de foto. Una de dichas fotos obtiene uno de los premios Fotopress.
Ha fotografiado como enviado especial, para publicar en los medios más importantes del país: China, Japón, Filipinas, Israel, Cuba, Argentina, México, Nicaragua, conflictos en Croacia, en la frontera de Kosovo durante el conflicto de los Balcanes y recientemente Afganistán. Destacan sus cinco viajes para cubrir los problemas de Irlanda del Norte, habiéndose publicado los dos últimos en los dominicales de El Periódico y de El País.
Ha realizado una exposición sobre China en la galería Spectrum, Paco Elvira, la vitrina del fotograf expuesta en Junio, Julio y Agosto del 2001 en el Palau Robert de Barcelona, y numerosas colectivas, destacando 10 Anys de Fotoperiodisme, Octubre 89 en la Casa Elizalde;Història del Fotoperiodisme a Catalunya Marzo 1990 en el Palau de la Virreina;Barcelona 90 en el Edifici de les Aigües, Noviembre 1990;El Compromís fotográfic en la Primavera Fotogràfica del 98 en el IDEP;Introducció a la Història de la Fotografia a Catalunya MNAC 2000; 25 años después. Memoria gráfica de una transición, Fundación Telefónica Madrid Noviembre del 2000;Las mil caras de la Mercè, en el Palau de la Virreina de Barcelona, septiembre de 2003; En el Umbral del cambio (La vida en España durante la transición) expuesta en el EXPLORAFOTO de Salamanca, Octubre 2003. Tiene obra en el IVAM y en el MNAC.
Colabora regularmente con el suplemento dominical del Periódico y de La Vanguardia, y con las agencias Cover y A.G.E.Fotostock. Es profesor de fotoperiodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Bellaterra, de fotografía de reportaje en la Universidad Politécnica de Terrassa, y ha sido editor gráfico de los 6 números publicados de la revista Públic.
Desde el día 19 de marzo hasta el 19 de abril se presenta en el Instituto Cervantes de Estambul la exposición " EN EL UMBRAL DEL CAMBIO", que recoge fotografías de Paco Elvira sobre la transición española (1970-1983), una visión documental de España desde los últimos años del franquismo hasta los primeros de la democracia. A continuación se reproduce el texto escrito por Clemente Bernard con motivo de esta exposición ilustrado con algunas de las fotografías exhibidas en la exposición.
EN EL UMBRAL por Clemente Bernard.
Me gusta la palabra umbral. Las palabras tienen el poder de crear mundos nuevos, de transportarnos a otros tiempos, de germinar sensaciones, recuerdos e ideas sin ningún límite. Las fotografías también poseen el mismo poder, porque nos hablan del pasado y de aquellos a quienes jamás volveremos a ver tal y como en ellas aparecen. Siembran nuestro mundo de recuerdos y melancolía, nos interrogan con crudeza acerca de nuestra identidad pero, a diferencia de las palabras, enmudecen ante el futuro.
Umbral sugiere frontera, rito de paso, abandono, pasado, futuro, metaformosis, muerte, renacimiento, viaje..., pero sobretodo sugiere ambigüedad, y es ahí donde crecen las imágenes de Paco Elvira en absoluta libertad. Los años en los que construye este trabajo son convulsos y era muy difícil orientarse a través de la niebla. Su elección sea probablemente la mejor y la que al cabo del tiempo equilibra más eficazmente oficio y mirada personal, es decir, autoría. Porque en aquellos tiempos en los que la dictadura parecía perder aliento, los jóvenes nacidos en ella debían tener una sólida formación humana para no dejarse arrastrar por las formas y, lo que es peor, por los contenidos del régimen. Fueron unos años especialmente intensos para cualquiera que se interesase por los estertores de un régimen militar y por las convulsiones que esto provocaba en toda la sociedad, con la incertidumbre de ignorar qué depararía el futuro. En esas circunstancias, la mayoría de fotógrafos que abanderaban cierto espíritu personal en sus trabajos se dedicaron a documentar con indudable esfuerzo toda una serie de ritos sociales que ellos creyeron en franca regresión (aunque más tarde han crecido con fuerza renovada, como son la multitud de rituales religiosos de todo pelaje y condición), pero olvidaron volver su mirada hacia algo mucho menos estético y tópico, como era la vida y la confusión de toda una sociedad ante los acontecimientos políticos que se desarrollaban.
Durante la guerra que habría de dar el poder a los militares golpistas, hubo fotógrafos que trabajaron de forma comprometida para documentar la lucha contra el fascismo, y ahí se forjaron los cimientos del fotoperiodismo moderno. Más tarde, el espíritu libre de esos profesionales se exilió o se ahogó en las negras aguas de la dictadura, en la que emergió otra forma de mirar, cautiva y servil, que tuvo entre otras consecuencias un resurgimiento patético del pictorialismo, decenas de años más tarde de su abandono como solución ética y estética, y en el que tras un criterio pretendidamente antropológico y costumbrista se escondía una mirada dentro de la más pura tradición nacionalsocialista. Las personas individuales, los seres humanos concretos se sustituían por generalizaciones mayestáticas que degradaban a la persona. El resto de fotógrafos sobrevivía como buenamente podía en un subdesarrollo lamentable, mientras en la cercana Europa florecía el reportaje fotográfico en sus años de máximo esplendor.
En los años cincuenta un fotógrafo norteamericano realizó un trabajo en Extremadura para la revista LIFE con el que pretendía denunciar las condiciones de vida lamentables que vivía la sociedad española en la posguerra. Su trabajo es una referencia en el periodismo y en la fotografía. Sin embargo, los fotógrafos españoles que beben de esa y de otras fuentes, y que retratan el mundo rural en los años del tardofranquismo, no parece que tengan nada que criticar. Al contrario, sus imágenes parecen animadas tan sólo por criterios estéticos y por un extraño afán por construir fotografías no contaminadas por la actualidad , como si fuesen a la búsqueda de algún santo grial o de cierta España eterna , lo que aún es peor. Así las cosas, mientras se lucha en las calles, en las universidades, en las fábricas, mientras se conspira en los cuarteles y las iglesias se llenan de contradicciones, mientras lo rural se metamorfosea y se busca –y se encuentra- una salida airosa para las gentes del régimen, muy pocas miradas fotográficas prestan atención a todo esto porque, como suele pensarse equivocadamente, parece que allá donde todo resulta tan cercano y banal no hay nada importante.
Sin embargo Paco Elvira tuvo la resignación del profesional y la honestidad del fotógrafo comprometido. Pero también tuvo la sinceridad de la inocencia, propia de alguien a quien, como a toda su generación, se le hurtó la libertad. Esa inocencia fue la que le permitió mirar sin escrúpulos ni pretensiones absolutamente todo cuanto pasaba a su alrededor, sin pararse excesivamente en tal o cual cosa. Todo era demasiado importante y volátil. Y lo hizo desde la coartada más cándida y lógica: el trabajo profesional. Por eso sus imágenes nos resultan tan cercanas. Porque no tiene empacho en mostrar todo tipo de circunstancia y de mobiliario que puebla nuestros paisajes, a diferencia de quienes evitaban en sus imágenes automóviles, tendidos eléctricos o chimeneas de fábricas porque pensaban que las contaminaban de contemporaneidad.
Pero la mirada de Paco Elvira es una mirada personal, y eso diferencia radicalmente sus imágenes del estereotipo que distraídamente asignamos a las fotografías de aquellos años. Al mirarlas, tenemos la sensación de que no pasa nada especial, nada remarcable, aunque haya algo tremendamente familiar que nos atraiga. No encontramos las clásicas imágenes de movilizaciones obreras y estudiantiles, ni a los líderes antifranquistas, ni tantas y tantas claves que nos remiten inmediatamente a lo que alguien bautizó como transición . Pero están ahí. Y nos hablan de una manera tan sutil que, tras contemplarlas, nos invade cierta sensación de frío, de vacío, e incluso un gran desasosiego. Y si es así es porque consiguen reconstruir de alguna manera el carácter de aquellos años. La dureza del trabajo, la noche, la angustia del paro, la represión, la vida sencilla, los paisajes desolados, la emigración, la lucha, la ternura, el amor, la represión, la poesía, la resistencia, el aburrimiento, el fascismo, la enfermedad, las elecciones, el abandono, el dolor de la muerte, la represión. Un pequeño universo eficaz en su discurso porque nos habla de nosotros mismos, de lo que una vez fuimos en un tiempo que ya no volverá.

Libertad, decía. Palabra temible donde las haya. Perseguida, querida y violada por igual. Éstas imágenes se construyen en libertad porque nacen de la falta de libertad y porque hablan de libertad. A veces parecen ventanas transparentes hacia un pasado que se nos muestra triste y malgastado. Otras veces nos arrojan a un profundo pozo de oscurantismo en el que no queremos reconocernos, aunque una de las motivaciones de la fotografía sea esa, contar la historia, nuestra historia, nuestra vida aquí y ahora, para nosotros y para quienes vendrán, a pesar de que el pasado casi siempre esté lleno de errores y haya que acarrearlos con pesadumbre.
Seguimos en el umbral, ese lugar tan opaco. El problema es reconocerlo en medio de la niebla y de los discursos políticos y mediáticos que nos dicen otras cosas. Quizás el presente no sea tan diferente del pasado como se dice y sea necesario taparse bien los oídos para evitar los cantos de las sirenas del poder, que todo lo confunde. Por eso este trabajo no tiene fechas de inicio ni de final, porque cada uno le pone las suyas, y me temo que no son en absoluto las mismas para todos.
La Rambla (Lunwerg).
Barcelona, ciudad de sensaciones (Lunwerg). Publicado con el periodista y escritor Marius Carol.
Barcelona, plein air (Lunwerg). Elaborado conjuntamente con el escritor Viçens Villatoro.
Terrassa, llibre d´hores (Lunwerg). Realizado junto con el escritor Joan Barril.
Rubí, en molts sentits (Lunwerg).
Vint Anys d'Ajuntaments Democràtics. Edición de la Diputació de Barcelona en la que trabajó con la fotógrafo Colita.
La Diagonal. Una colaboración con el también fotógrafo Pepe Encinas para Main S.A..
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